Hola mami, aquí está tu primera carta nunca enviada. Posiblemente sea lo más sincero que haya escrito en mis dieciseis años, y es sólo para ti.
Extraño que juegues con mi cabello, extraño cuando pasábamos por una tienda que me gustase y te empujaba lentamente hasta que me salía con la mía y entrábamos, extraño esas veces que me dio fiebre y tú durabas toda la noche sin dormir sólo para colocarme paños húmedos para que me bajara, extraño la manera en que cocinabas, hasta extraño esas veces que entrabas en aquella peluquería del Centro San Ignacio y yo te esperaba por horas, extraño cuando íbamos a la casa en Turmero los fines de semana, desayunar empanadas y almorzar y cenar pizza, y también cuando veníamos a pasear por Maracay, extraño ir contigo a misa los domingos por la mañana a aquella iglesia que tenía una pantalla con un retroproyector, extraño tus abrazos y verte leer por las noches, extraño verte sonreír cuando hacía algo bien y extraño las veces que llegabas contenta después del trabajo, extraño tus cuentos sobre el tal Jaime que no recuerdo haber conocido, ese hombre de ojos verdes que te parecía tan guapo. Extraño ir a tu trabajo, era emocionante; extraño cuando salíamos con mi padrino Vicente, aún cuando se burlaba de mí diciendo que "estaba tan flaca que podría hacer una propaganda de hambre". Extraño también ir a casa de tu amiga, la que tenía el "reloj desnudo", no recuerdo su nombre; y a tu amiga Elvira, cuando la visitábamos en Maracay, me enamoré de su hijo, José Miguel, mientras jugábamos carnaval y Play Station 1. Creo que hasta extraño aquellas veces que me obligabas a comer lo que había pedido en un restaurante, como aquella sopa en St. Honoré y aquella chicha andina en el puesto de comida venezolana del C.C Los Naranjos. Extraño cuando íbamos a la finca en Anzoátegui, pero no cuando íbamos a casa de mi tía Gregoria, nunca me gustó esa gigantesca casa. Lo que sí no extraño fueron esas veces en que mi primo José Gregorio iba a estudiar en Caracas y se quedaba con nosotros, y le dabas mi cuarto, nunca llegó a graduarse, me gustaría saber qué es de su vida. Tampoco extraño al esposo de mi tía Fina (no recuerdo su nombre ahora), ese hombre nunca me cayó bien. Extraño a mi primita Ana Victoria, la amaba, era como mi hija. Extraño "trabajar" en el abasto de mi abuela, siempre me pagaba con montones de dulces, que me los comía de regreso a Caracas.
Extraño tu exquisito sentido de la moda, y aquella vez que regañaste a papi por haberme vestido con camisa de rayas, pantalón a cuadros y esas botas negras que nunca te gustaron, y que aún las conservo.
Extraño nuestros viajes, aún no entiendo muy bien por qué me daba pena decir en el colegio que todas las navidades íbamos a un país diferente, así que decía que en el trabajo te regalaban los pasajes y debíamos usarlos para que no se perdieran.
Extraño cuando fuimos a México, no parabas de decir lo feo que era, porque las calles estaban llenas de basura, pero fuimos al santuario de la Virgen de Guadalupe y fue mágico, además de aquella playa en la que en el yate me pusieron un sombrero de marinero.
Cuando fuimos a Argentina, que todas las tardes íbamos a ese puesto a dos cuadras del hotel donde vendían churros con chocolate a los que llamábamos "palitos", eran tan deliciosos. De la primera vez que fuimos no recuerdo mucho, sólo a tu amiga Silvia, la rubia excéntrica que vivía en un apartamento. Hace un tiempo me di cuenta que amo Buenos Aires tanto como tú, y que me encantaría regresar algún día contigo.
Cuando fuimos a España, ese viaje fue mágico. Exceptuando cuando me regañaste porque se me pegó el chicle en el cabello por haberme dormido con él en la boca, me di cuenta que me quedaba mejor el cabello por los hombros cuando aquel peluquero gay español me lo cortó. Me hubiera gustado llevarte a ver a Joaquín Cortés, sé lo mucho que te gusta ese bailarín, y lo que te entristeciste porque llegamos a Madrid dos días después de que él se presentara.
Cuando fuimos a Estados Unidos, el último viaje que hicimos juntas, que fuimos a Disney, tú estabas tan emocionada como yo, fue hermoso, además recuerdo cuando me monté en la Rock 'n Roll Coaster sola, porque a ti te dio miedo, y me senté al lado de este muchacho al que le gritaba que estaba nerviosa en español, y él sólo se reía de mi acento.
Quiero pedirte perdón si recuerdo sólo momentos y no tanto tu esencia, pero sigues estando presente, era pequeña, y ahora ya han pasado seis años.
Te amo, y te quiero sana.
Siempre tuya, Arara.
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