miércoles, 24 de agosto de 2011

Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.
Enviado desde mi BlackBerry de Movistar

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares -la vacilación en la respiración- que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.





lunes, 22 de agosto de 2011

Estaciones

Nuestra primavera fue maravillosa, pero el verano se ha terminado... y nos perdimos el otoño. Y ahora, de repente, hace frío, tanto frío que todo se está congelando.
Nuestro amor se ha dormido y la nieve lo tomó por sorpresa. Y si te duermes en la nieve no sientes venir a la muerte. Cuídate.

domingo, 21 de agosto de 2011

Adiós estrés, hola felicidad

Esto lo escribí un tiempo después de salir de vacaciones, cabe destacar que aún me siento de esta manera, y es que sólo necesitaba descansar y un cambio de ambiente para dejar a un lado la depresión que cargaba.
Me siento descansada, me siento tranquila, me siento con energía, me siento creativa, me siento poderosa, me siento positiva, me siento enamorada, me siento renovada, me siento hermosa... ¡Me siento feliz!

Mami, te amo

Hola mami, aquí está tu primera carta nunca enviada. Posiblemente sea lo más sincero que haya escrito en mis dieciseis años, y es sólo para ti.

Extraño que juegues con mi cabello, extraño cuando pasábamos por una tienda que me gustase y te empujaba lentamente hasta que me salía con la mía y entrábamos, extraño esas veces que me dio fiebre y tú durabas toda la noche sin dormir sólo para colocarme paños húmedos para que me bajara, extraño la manera en que cocinabas, hasta extraño esas veces que entrabas en aquella peluquería del Centro San Ignacio y yo te esperaba por horas, extraño cuando íbamos a la casa en Turmero los fines de semana, desayunar empanadas y almorzar y cenar pizza, y también cuando veníamos a pasear por Maracay, extraño ir contigo a misa los domingos por la mañana a aquella iglesia que tenía una pantalla con un retroproyector, extraño tus abrazos y verte leer por las noches, extraño verte sonreír cuando hacía algo bien y extraño las veces que llegabas contenta después del trabajo, extraño tus cuentos sobre el tal Jaime que no recuerdo haber conocido, ese hombre de ojos verdes que te parecía tan guapo. Extraño ir a tu trabajo, era emocionante; extraño cuando salíamos con mi padrino Vicente, aún cuando se burlaba de mí diciendo que "estaba tan flaca que podría hacer una propaganda de hambre". Extraño también ir a casa de tu amiga, la que tenía el "reloj desnudo", no recuerdo su nombre; y a tu amiga Elvira, cuando la visitábamos en Maracay, me enamoré de su hijo, José Miguel, mientras jugábamos carnaval y Play Station 1. Creo que hasta extraño aquellas veces que me obligabas a comer lo que había pedido en un restaurante, como aquella sopa en St. Honoré y aquella chicha andina en el puesto de comida venezolana del C.C Los Naranjos. Extraño cuando íbamos a la finca en Anzoátegui, pero no cuando íbamos a casa de mi tía Gregoria, nunca me gustó esa gigantesca casa. Lo que sí no extraño fueron esas veces en que mi primo José Gregorio iba a estudiar en Caracas y se quedaba con nosotros, y le dabas mi cuarto, nunca llegó a graduarse, me gustaría saber qué es de su vida. Tampoco extraño al esposo de mi tía Fina (no recuerdo su nombre ahora), ese hombre nunca me cayó bien. Extraño a mi primita Ana Victoria, la amaba, era como mi hija. Extraño "trabajar" en el abasto de mi abuela, siempre me pagaba con montones de dulces, que me los comía de regreso a Caracas.
Extraño tu exquisito sentido de la moda, y aquella vez que regañaste a papi por haberme vestido con camisa de rayas, pantalón a cuadros y esas botas negras que nunca te gustaron, y que aún las conservo.
Extraño nuestros viajes, aún no entiendo muy bien por qué me daba pena decir en el colegio que todas las navidades íbamos a un país diferente, así que decía que en el trabajo te regalaban los pasajes y debíamos usarlos para que no se perdieran.
Extraño cuando fuimos a México, no parabas de decir lo feo que era, porque las calles estaban llenas de basura, pero fuimos al santuario de la Virgen de Guadalupe y fue mágico, además de aquella playa en la que en el yate me pusieron un sombrero de marinero.
Cuando fuimos a Argentina, que todas las tardes íbamos a ese puesto a dos cuadras del hotel donde vendían churros con chocolate a los que llamábamos "palitos", eran tan deliciosos. De la primera vez que fuimos no recuerdo mucho, sólo a tu amiga Silvia, la rubia excéntrica que vivía en un apartamento. Hace un tiempo me di cuenta que amo Buenos Aires tanto como tú, y que me encantaría regresar algún día contigo.
Cuando fuimos a España, ese viaje fue mágico. Exceptuando cuando me regañaste porque se me pegó el chicle en el cabello por haberme dormido con él en la boca, me di cuenta que me quedaba mejor el cabello por los hombros cuando aquel peluquero gay español me lo cortó. Me hubiera gustado llevarte a ver a Joaquín Cortés, sé lo mucho que te gusta ese bailarín, y lo que te entristeciste porque llegamos a Madrid dos días después de que él se presentara.
Cuando fuimos a Estados Unidos, el último viaje que hicimos juntas, que fuimos a Disney, tú estabas tan emocionada como yo, fue hermoso, además recuerdo cuando me monté en la Rock 'n Roll Coaster sola, porque a ti te dio miedo, y me senté al lado de este muchacho al que le gritaba que estaba nerviosa en español, y él sólo se reía de mi acento.
Quiero pedirte perdón si recuerdo sólo momentos y no tanto tu esencia, pero sigues estando presente, era pequeña, y ahora ya han pasado seis años.

Te amo, y te quiero sana.
Siempre tuya, Arara.

martes, 16 de agosto de 2011

Boys, boys

I love nerdy boys, and not so nerdy boys.
I love those boys, girls never notice.
I love boys who wear glasses.
I love shy boys, but I also like boys that are not afraid of being themselves.
I love those boys that are good friends, and other girls only see them as that, friends. But friendship is the foundation of every relationship, right?
I love those boys who like good music, and if they play something I'd fall harder.
I love gamer boys, but I hate them too when they spend so much time playing and forget to live.
Even though I love fashion, I wouldn't like to be with a hipster or something like that. Just boys who dress well.
I love boys who are incoherent, creative and funny.
I love boys who are close to their families.
I love comprehensive boys.
I love boys who don't say bad words.
I love clever/smart boys.
I've always hated muscles and skinny boys. I love those who are a little fatty or have a little muscle but not too much.
I love boys who know how to debate or discuss with real arguments.
I love boys who don't flirt, that can make you fall in love just by taking care of you.
I love romantic boys but I hate those who use silly pick-up lines.
I love boys who make me feel secure just by looking in their eyes.
I love boys who know when to talk and when to listen.
I love boys with dark hair and bright eyes.
I love boys that know how to take their time, that don't live in a rush and just let things happen.

And maybe I like boys with a lot of characteristics, but I can only think of these.
But in general, I hate boys, I just like a few.

jueves, 11 de agosto de 2011

Utopía

La verdad, siempre uno se pone a pensar: ¿cómo sería mi mujer/hombre perfecta/perfecto? Y ese pensamiento a veces lo lleva a uno a hacer una lista con cualidades que ese ser imaginario debería tener. Personalmente, he pensado sobre eso en varias ocasiones, por la simple razón de que no encuentro a nadie que me llame la atención ni remotamente, hasta he llegado a pensar que soy yo la del problema (no descarto esta opción) o simplemente es los que me rodean que los veo todos iguales. No sé, no sé.
En fin, a lo que voy, es a esta lista de ese ser utópico, porque no, nunca vas a encontrar a alguien que sea perfecto, nada ni nadie lo es, y ese tipo de cosas. Lo que sí puedes encontrar es a alguien cuyos defectos y tus propios defectos no los hagan incompatibles, y puedan vivir en armonía, no significa que no discutirán nunca, pero se le parece si sabes elegir adecuadamente... Me volví a distraer, vamos con la lista, cada vez que pienso hacer esta famosa lista (abro el bloc de notas y todo), instantáneamente lo cierro, ya que considero tonto el hecho de superponer a alguien a unas exigencias que no necesariamente debe cumplir para... eso, para que me guste, pues. Creo que la única cosa que sí debe tener es que sea él mismo, y que tenga sus propios pensamientos y sus propias ocurrencias/incoherencias. Eso es todo -inserte sonrisa brillante-.

Vestigios

Esto lo escribí hace bastante tiempo, ya no me siento de esta manera, pero pensé que sería buena idea tenerlo aquí.
Sé que he estado sola antes, la diferencia es que ahora ya sé qué se siente no estarlo. Pero, ¿quién soy yo para pedirte que te quedes? Con suerte, lo máximo que puedo ser es un recuerdo, que con suerte conserves un vestigio de mí en tu memoria.
Cuando la vida me derrota por momentos, regresas a mi mente, un recordatorio de mi desdicha, que me hace hundirme aún más en ella, si es que es posible.
Pero, ¿cuánto tiempo tendré que esperar, para sentirme plena, recordar la felicidad? Bueno sería eliminar esos momentos que pasé a tu lado, pero no puedo, no me permito olvidar todo aquello que aprendí de ti.

Don't make them fall, if you're not going to catch them

Bueno, empezando porque este es mi post número 30 (caen serpentinas, confetti y globitos) y que por fin encontré cómo bloggear desde el teléfono, y que así subiré las cosas apenas las escriba y no uno o dos meses después, empezaré con algo que no sabía como explicarlo hasta hoy. (Sí, el post es de hoy, yay)
Detesto el simple hecho de que en una buena amistad, siempre termine alguno enamorado del otro, y es que, aunque es cierto que así empiezan las mejores relaciones, yo no quiero nada de eso por ahora. Pero eso no significa que "el simple hecho" vaya a detenerse. Y aquí es donde viene mi dilema: "No los enamores para nada", (vana traducción de lo que puse en el título, suena mejor en inglés) pero bueno, siempre me repito eso, y sí, suena egocéntrico, pero puedo asegurar que no lo es en lo absoluto. A mí me gusta escuchar a la gente, estar pendiente de ellas, saber qué es lo que pasa por sus mentes, pero con eso, la gente se confunde, piensan que son cosas que haría una persona sólo cuando está "enamorada", y terminan ellos de ese modo, cuando yo sólo he sido amable. En cierta parte es incómodo, tener que guardar cierta distancia y contenerme a estar pendiente de mis amigos, y sí, todo se resume a "el simple hecho". En fin, ahora tengo más manejo de eso a lo que tenía hace un tiempo. Estoy creciendo, y las cosas mejoran, ya veré cómo siguen las cosas.
Además, no es que yo sea inmune, también he estado involucrada en la otra parte de la historia, y antes me pasaba mucho más, pero quién sabe... quizás ha disminuido porque hoy en día no todos se toman el tiempo para realmente conocerte, o sólo escucharte. La mayoría cuando ven a una chama, piensan en otras cosas, pero no en "conocerla" en todo el buen sentido de la palabra, tienen otro objetivo, y en él se echan de menos muchas cosas.