Me siento triste por muchas cosas y me molesta sentirme así.
Estamos (o al menos yo) rodeados de mensajes motivacionales, artículos de opinión que nos hacen creer que todo es posible, que sólo hay que esforzarse. Gente diciendo que se aprecien pequeñas cosas de la vida como salir a caminar bajo el sol de verano, se vaya a leer un libro en un parque, se acuesten en la grama a ver el cielo... Cosas así que no puedo hacer.
No puedo porque Venezuela no me deja. No puedo salir a caminar, ni ir a un parque, ni acostarme en la grama. No puedo, no puedo, no puedo. Da demasiado miedo hacerlo. Por un simple placer como esos, puede que no regrese a casa nunca.
Y eso me jode, me duele, me quita la energía.
No tengo energía, Venezuela me la arrancó.
Veo como pasan los mejores años de mi vida. Años que no volverán. Años que deberían dejar una marca importante en mi vida, así tome decisiones equivocadas, pero no. Venezuela no me deja.
Paso el 70% de mis días en casa. 20% en la Universidad. 7% que salgo, pero a hacer diligencias que no puedo hacer desde casa. Y, por no dejar de ponerlo, un 3% que salgo por recreación.
Estoy aburrida. Y no es momentáneo.
Es un tedio permanente.
Tengo 19 años y voy de la Universidad a la casa, y viceversa, del mismo modo y en sentido contrario (sí, a lo Miss).
Y me aburre.
Me aburre mucho.
Mientras escribo esto es inevitable pensar en lo diferente que fue el año pasado para mí. Lo sé. No puedo evitarlo. Sí, salíamos mucho. Pero era más divertido aún porque era contigo. Y aunque extraño sentirme viva, no puedo decir que te extraño a ti.
Mas bien, extraño lo que representabas. Un amigo. Mi mejor amigo. Mi compañero de vida.
Me da miedo no enamorarme de mi mejor amigo otra vez. ¿Cómo se lleva una relación con alguien que no es tu mejor amigo?
Aburrida.
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