Fuimos dos y no me diste ni la hora, porque éramos como dos agujas del reloj que giran en direcciones distintas. Tú ibas hacia adelante y paraste, te cansaste, yo no iba a tu mismo compás. Pero ahora que decidí llevar el ritmo que una vez llevaste y me pediste seguir, pues ya no hay nada, soy sólo una aguja dando vueltas sin rumbo, a veces atrás buscándote, y a veces adelante pero sin ti, sin mi brújula.
No hay comentarios:
Publicar un comentario